La grandeza del amor

Eusebio Gómez Navarro

Introducción

Es cierto, ¡certísimo!, diría yo, lo que cantaban los Beatles: All you need is love («Todo lo que necesitas es amor»). El ser humano no puede vivir sin amor, pues por amor y para amar fuimos creados.

Cada día las televisiones y un sinnúmero de revistas llamadas «del corazón», supuestamente relacionadas con los temas de amor, convierten nuestra vida en un bosque donde no podemos adentrarnos justamente en el tema que se pretende abordar (el corazón), porque no sé si, intencionadamente o no, terminan contaminando con el chisme y dando una imagen falseada del tema más importante de la vida, que no es otro que el amor.

Sin embargo, no nos engañemos con la belleza e interés del tema amoroso. Yo entiendo que el amor es una decisión, y que quien se determina y opta por el amor tiene que echar mano del ánimo y del esfuerzo, porque perseverar en el amor no es nada fácil. En muchas ocasiones sentimos la tentación de echarnos atrás, de no aceptar la responsabilidad y el peso de nuestros compromisos. Algunas veces se acumula el cansancio físico, psíquico y moral y se llega al límite de la resistencia humana.

El amor es el milagro al alcance de cada uno. El amor no conoce el miedo, ni la culpabilidad; es capaz de convertir las tristezas en alegrías. El amor es la salsa con la que sazonamos todos los alimentos de la vida. El amor es como un suspiro prolongado, inacabable; es como un lamento, un quejido, un clamor, un soplo, una aspiración, una inspiración; es como una jaculatoria, una oración interminable, un murmullo del corazón, una copla; es el nombre amado, querido, recordado sin tregua; es presencia, pertenencia, espacio, palabra y sentimiento.

No cabe duda de que el amor es lo más importante de nuestra vida y así tendría que ser enseñado como prioridad sobre todo lo demás. Desde esta perspectiva, creo que solo existe un pecado, un fallo, un error: no amar; por eso san Pedro en su primera carta nos exhorta: «Ante todo, tened entre vosotros intenso amor, pues el amor cubre multitud de pecados» (1Pe 4,8). Todos estamos bien seguros de que la humanidad sin amor acabará por destruirse.


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